Desde tiempo inmemorial baja desde el monasterio de Santo Toribio a la villa lebaniega

Este año, al igual que el pasado, no hubo procesión con la Reliquia del Lignum Crucis a la villa de Potes, que anualmente es trasladada el domingo de Pentecostés desde el monasterio de Santo Toribio, debido a las normas sanitarias por el covid-19, pero si se cumplió con la tradición presidiendo ésta la misa en la capilla de la residencia de la Tercera Edad ‘Félix de las Cuevas’, y en la iglesia parroquial de San Vicente Mártir.

La Reliquia fue introducida en la parte trasera de un vehículo adaptado para realizar el traslado, que había sido adornado con flores, que esperaba en la explanada del monasterio de Santo Toribio. Eran las diez de la mañana y el vehículo realizó el trayecto hasta la residencia de la Tercera Edad de la villa de Potes, donde Elías Hoyal, párroco, y arcipreste de Liébana y Peñarrubia, llevó el Lignum Crucis hasta las salas y habitaciones donde se encontraban las personas más imposibilitadas, para que contemplasen un año más la Reliquia que desde niños tantas veces acompañaron y veneraron.

Seguidamente, se celebró una misa en la capilla, para concluida ésta, ser de nuevo introducida la Cruz en el coche, para llegar a las doce del mediodía a la iglesia parroquial de San Vicente Mártir, donde el franciscano Padre José María, entregó la Reliquia a Elías Hoyal, quien la introdujo en la iglesia bajo los sones del himno nacional, para presidir la misa solemne. Integrantes de la Junta Directiva de la Cofradía de la Santísima Cruz, así como el alcalde de la villa, Javier Gómez, y cofrades y devotos, asistieron a la celebración religiosa. Hubo un grupo de voluntarios para controlar el acceso a la iglesia y el cumplimiento de las normas sanitarias.

En la homilía, Elías Hoyal, que estuvo acompañado en la celebración por el franciscano Padre José María, recordó que «hoy cumplimos con un voto o costumbre antigua y centenaria, que la Cruz y los que la custodian tienen con la villa, visitando a vecinos y especialmente a los ancianos de la residencia». El párroco dijo que «a los que llevamos la Cruz para que la contemplen los ancianos, nos sobrecoge su devoción, cantando todos ‘Que viva, que viva, la Cruz sacrosanta’ como aprendieron desde niños».

En esta fecha de la celebración del domingo de Pentecostés, manifestó que «muchas veces nos olvidamos del Espíritu Santo. Debemos ser valientes para pedir su presencia». Resaltó que «el idioma más fácil y el que no nos vamos a equivocar es el del amor» y finalizó diciendo que «paz y perdón deben de ir íntimamente unidos en nosotros».

Antes de la bendición con la Reliquia, Elías Hoyal, recordó al sacerdote Francisco Galiante y a su cuñado, Froilán Blanco, que con sacrificio y exponiendo su vida salvaron la Reliquia durante la Guerra Vivil, rezándose una oración por su eterno descanso.

La celebración concluyó llevando el párroco la Reliquia y bendiciendo a todos los fieles a su paso por el pasillo central de la iglesia, colocando el Lignum Crucis en el interior del vehículo, para su traslado de nuevo al monasterio de Santo Toribio.

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