Naturea Cantabria realiza cada domingo en Cabezón de Liébana una ruta cultural y didáctica

Debido al aislamiento que tuvo la comarca lebaniega, hasta los años 80 del pasado siglo XX, se conservaron oficios tradicionales, como los que Naturea Cantabria enseña cada domingo de este mes, en un precioso recorrido cultural y etnográfico, denominado “Natureando en corto”, ideal para grupos familiares, totalmente gratuito, que se inicia a las 11.00 horas en el Ayuntamiento de Cabezón de Liébana, realizándose un viaje de dos horas de duración, conociendo oficios desaparecidos como los de las tejedoras, pisador o herrero, que discurre por varios espacios expositivos y lugares de  la localidad lebaniega.

Es una de las muchas actividades que Naturea Cantabria, programa de dinamización y mantenimiento del uso público en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Cantabria, ejecutado por la Red Cántabra de Desarrollo Rural y por sus socios, los Grupos de Acción Local, realiza en la comarca lebaniega, y que cuenta con la financiación de la Dirección General de Biodiversidad, Medio Ambiente y Cambio Climático.

El recorrido que se ofrece en Cabezón de Liébana, cuenta con la colaboración del Ayuntamiento, que permite visitar los antiguos telares que se conservan en la planta baja del edificio; de la Junta Vecinal, que ha contribuido a  pagar los materiales para que la cuadrilla de Naturea en Liébana, recupere una preciosa senda junto al río Bullón, y además, se puede disfrutar de la visita de la antigua fragua de Emiliano Aramburu, gracias a Lines Aramburu y familia, que permiten que se pueda enseñar.

Los guías Darío Herrero y Virginia Fernández, de Naturea Cantabria en Liebana, inician el recorrido en los bajos del Ayuntamiento de Cabezón de Liébana. Allí, un grupo reducido de visitantes va a seguir las explicaciones, junto a los dos telares que se conservan en el interior del edificio. “Esta actividad se realizó hasta el año 1982 en esta localidad. Al telar llegaba la lana de las ovejas, después de que se lavara, escarmenaba, cardaba e hilaba-explican-. El proceso complicado se iniciaba aquí, en el telar, donde se tejía para conseguir las mantas, alforjas o escarpines, que posteriormente se debían de trasladar hasta la pisa”. Darío, también en su explicación intercala dichos populares como “Hilando poco se gana, pero mirando, nada”.

Una vez visitado el telar, se inicia el corto recorrido junto al río Bullón, donde se produce una parada para conocer el lugar donde antiguamente se elaboraba el aguardiente de orujo, en las alquitaras, y se llega hasta “la puente vieja”. Allí, Darío, enseña al grupo, al otro lado del río, el lugar donde se encontraba la pisa, atravesando el puente que ahora no existe. “Aquí, en la pisa o batán, se abatanaban o afieltraban los tejidos, comprimiendo éstos, por medio de unos mazos que alternativamente, golpeaban en el cajón donde estaba el sayal, que continuamente recibía el agua que llegaba procedente de un canal”.

El viaje conociendo los oficios tradicionales, concluye visitando el potro de herrar, que se encuentra junto a la fragua, que el herrero Emiliano Aramburu, mantuvo en actividad hasta los años 80. En su interior, Virginia y Darío muestran “el fuelle y el yunque, indispensables en esta actividad” y un importante número de herramientas que se realizaban en este lugar, “desde rejas de arado, picos para la guadaña, limas o tenazas”. En definitiva, una ruta muy didáctica y recomendable.

“Me ha encantado”

Piter Pulgar, un asiduo de Liébana y de las rutas de Naturea Cantabria, se desplazó desde Torrelavega, y al concluir el recorrido de la ruta, reconocía sentirse “muy satisfecho” con esta nueva experiencia vivida. “Me ha encantado esta iniciativa, porque siempre había realizado rutas en contacto con la naturaleza, pero esta actividad es más cultural, recuerda oficios tradicionales ya perdidos, y te das cuenta de lo dura era la vida entonces”.

Emilio y Ana, realizaron el recorrido, acompañados de sus hijos, Álvaro, de 18 años, y Raquel, de 15 años. Están de vacaciones en la comarca, y decidieron participar en esta actividad, “que ha resultado “muy instructiva”, con una buena explicación de los diferentes oficios”. A su hijo, Álvaro, le encantó conocer “el trabajo del herrero en la fragua, porque me gustan muchos las máquinas y el patrimonio industrial”, y a su hermana, Raquel, “el oficio de la tejedora”.

Desde Azuqueca de Henares (Guadalajara) llegaban por vez primera a Liébana, el matrimonio formado por Alfonso y Tere. Respecto a la ruta realizada, reconocían que “nos gusta mucho la etnografía, y por eso estamos disfrutando con las explicaciones que nos han dado, que nos permiten conocer estos oficios tradicionales, que en nuestra tierra desaparecieron en los años 70 con el progreso industrial”.

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