José Miguel Dosal,  vecino de Linares, emigró a California en busca de un futuro mejor, y más de medio siglo después relata su aventura en el libro ‘Las curvas del camino’

PEDRO ÁLVAREZ. EL DIARIO MONTAÑÉS

«Fui pastor cuando era niño/ luego tuve que emigrar/ a mi pueblo no le olvido/ por lejos que pueda estar». Este es una de las estrofas de la canción ‘Río Deva’ que compuso el cantante Nando Agüeros y que está inspirada en la historia personal de José Miguel Dosal, un emigrante de Linares (Peñarrubia) que en 1966 dejó su pueblo natal para asentarse en California fraguándose una carrera de éxitos profesionales como empresario. Dosal, que comenzó su carrera como pastor de ovejas, recoge ahora todas sus vivencias en un libro que acaba de publicar y que lleva por título ‘Las curvas del camino’. En el mismo, el de Linares se sumerge en sus recuerdos y nostalgias, desde su nacimiento hasta la actualidad.

–¿Cómo surgió la idea de escribir un libro?

–Quería que mis hijos y nietos conociesen cómo ha sido mi vida desde que dejé mi pueblo natal de Linares y todo lo que he tenido que luchar y trabajar para que descubran que no fue un camino nada fácil, y a la vez dejar testimonio de la huella de personas que compartieron conmigo mi destino, en una vida de emociones intensas, pero rodeado de afecto y cariño de amigos y familiares. Fue una época de pobreza que nos tocó vivir a una generación que luchó para poder superarla.

–¿La decisión de emigrar fue muy meditada?

–Fue consecuencia de buscar un futuro mejor. Tuve una infancia y unos primeros años de juventud donde ya supe lo que era trabajar duro. A los doce años, atendía las vacas de un vecino de Roza, en mi municipio, y con 14 trabajé en el bar El Porrón, en Santander, ganando 500 pesetas al mes y durmiendo en una colchoneta debajo del descansillo de unas escaleras. Durante tres años fui a los pinos al País Vasco. Allí, escuché que había muchos jóvenes que habían ido a América a cuidar ovejas y que ganaban dinero, y fue cuando tomé la decisión en el año 1966 de intentar el sueño americano.

«Quería que mis hijos y nietos conocieran como ha sido mi vida desde que me fui»

MOTIVO DEL LIBRO

«Trabajar en lo que nos guste, estar bien formados, elegir bien a los amigos y perseverancia»

EL SECRETO DE SU ÉXITO

–¿Cuáles fueron sus primeros trabajos en América?

–Mi primer destino fue el Rancho Grande, en un pueblo que se llama Linden, en California. Allí comencé cuidando vacas y un rebaño de 2.000 ovejas, ganando 300 dólares mensuales. El verano le teníamos que pasar en la sierra, en tienda de campaña. Lo realmente duro vino después, al contratarme en Susanville, al noroeste de California. Viví solo en las montañas con la única compañía de 1.500 ovejas y dos perros border collie. El frío era enorme, con temperaturas de 15 y 30 grados bajo cero, y estaba rodeado de coyotes, serpientes de cascabel y otras alimañas. Fueron meses muy duros.

–¿Cuándo pudo regresar por vez primera a España?

–En el año 1969, el consulado español en San Francisco me había declarado desertor del ejército y prófugo por no volver a España a realizar el servicio militar. Conseguí ese año la tarjeta verde, fui reclutado por el cuerpo de marines de Estados Unidos, al tener la residencia permanente allí y. en 1972, me convertí en ciudadano de pleno derecho, por lo que ya podía volver a España a ver a mi familia. Lo hice un año después, pero tras el verano regresé de nuevo a América.

–¿Inaugurar su propia empresa inmobiliaria en Los Ángeles fue su decisión más acertada?

–Sin duda alguna. Después de mi experiencia como pastor y pasar por varias empresas, decidí buscar nuevas oportunidades. Comencé trabajando en una empresa del sector inmobiliario y cobraba comisiones por las ventas, pero me di cuenta de que al irme haciendo con clientes podía dar el paso de crear mi propia empresa y así fue. Se llamaba ‘Patio Realty’ y llegué a tener en plantilla 30 agentes comerciales. Además, poco después fundé una financiera. Tenía un socio llamado Samay, que era judío, y también invertimos en empresas tecnológicas.

–Una de sus pasiones es la gaita ¿cuándo comenzó su afición?

–En 1997, en un viaje que hice a España, me puse en contacto con Vicente Prado ‘El Pravianu’, un gran gaitero asturiano que me fabricó una gaita y me enseñó a tocarla. Desde entonces he conocido a muchos músicos y la gaita se ha convertido en mi fiel compañera de viaje.

– Logró su sueño americano ¿qué consejo daría a alguien para conseguir alcanzar sus metas?

–Trabajar en algo que nos guste, nos llene y apasione; tener una buena formación; perseverancia; escoger bien los amigos, socios y compañeros, para lograr nuestros planes; y, finalmente, ser serios, atentos y leales.

–Por último ¿qué conclusiones saca de las curvas del camino que le ha tocado vivir?

–Todavía puedo ver entre las brumas del tiempo a ese chico que yo fui, y que salió de Linares hace más de 50 años. Me sigo identificando con él, con su programa vital y con sus ganas de salir adelante, de aprender cosas nuevas y de ampliar horizontes. Deseo que este espíritu siga conmigo hasta el final del camino que me toque recorrer.

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