El antropólogo José Tono, presentó ayer su libro “El camino budista de Shikoku Henro. Un viaje japonés”, en el Centro de Estudios Lebaniegos de la villa de Potes, en un acto que contó con la presencia de Pilar Gómez Bahamonde, directora de la Fundación Camino Lebaniego.

Tanto Gómez Bahamonde, como Tono, coincidieron en la presentación en afirmar que “nuestros caminos de peregrinación, no son turismo, es autenticidad, una experiencia enriquecedora. No se puede perder esa esencia, ya que la hospitalidad, el sentido del camino, está antes de la peregrinación. Al final, estos caminos demuestran que no es solamente un paisaje, es un paisaje cultural, que luego el peregrino lo convierte en espiritual”.

El libro que presentó el antropólogo, es un viaje que realizó el autor a la isla de Shikoku, que se encuentra al sur de Honshü, la isla principal que compone Japón, siendo estas la más pequeña de las cuatro islas mayores del archipiélago. Es en este lugar donde tiene lugar la peregrinación de los 88 templos budistas, que siguen las enseñanzas de Kukai (774-835) un monje del siglo IX de la Era Común, que fundó la vertiente o secta budista conocida como Shingón.

Para José Tono, el motivo principal de su viaje a Japón consistió “en encontrarme  o seguir las huellas de este monje y líder religioso, Kukai, y de este camino de peregrinación que tiene numerosas similitudes con el Camino de Santiago, cuya práctica e investigación ha sido una constante en mi vida. Caminando y recorriendo los pequeños pueblos y aldeas del interior de la isla de Shikoku, uno percibe el sentido del orden de esta sociedad, el gusto por la prelación, por la ceremonia y el protocolo, o el saludo”.

Porque hablar de Shikoku es hacerlo de Kukai, “figura fundacional de Japón, pues su importancia histórica excede el elemento religioso, tal y como sucede por otra parte como con la figura de Santiago, su paralelo en España. Por una parte es un monje, un reformador religioso y social que, tras un viaje de estudios en China, será capaz de realizar una fusión de rituales y creencias procedentes de la cultura india y china, con elementos de la cultura tradicional japonesa”. Por otra parte, y para seguir un símil  medieval, “es un educador, un pedagogo, una mezcla de Beato de Liébana, Teresa de Ávila y Domingo de la Calzada. Pues será fundador como Teresa de numerosos conventos y enseñará, como el riojano, a construir puentes, y presas, impulsando en los scriptorium las artes y en especial la caligrafía, como el Beato montañés”.

El origen del nombre “Kukai” está relacionado con una revelación que tuvo este monje “durante un periodo de aislamiento, y de práctica de ascetismo, ya que siendo muy joven se retiró a una cueva, meditando acerca del camino a seguir. Desde la cueva, la única vista que tenía era el vasto cielo “ku” y el mar “kai”, decidiendo adoptar entonces el nombre de Kukai”.

Para el antropólogo, “las peregrinaciones jacobea y la de Kukai, vinculadas a largas rutas, vienen a recordar a los peregrinos que el verdadero sentido de la marcha es el camino. La de Shikoku es en realidad circular, y puede hacerse en un sentido u otro, recorriendo el anillo exterior de la isla. La de Santiago no termina nunca, ni en Compostela ni en Finisterre, porque el sentido de esta es el Camino en sí”.

Los que si comparten ambos recorridos es “una tradición hospitalaria que en la Edad Media desempeñaba la función de alimentar a los necesitados. Esta tradición general de hospitalidad nipona, implica que durante la peregrinación es habitual recibir de los paisanos del lugar pequeños regalos, donaciones o cortesías, que van desde una invitación a tomar un té hasta acompañarte un tramo si te has perdido. Además, en algunos pueblos, empresarios generosos, han levantado a su costa pequeños establecimientos abiertos de día donde te ofrecen té o café. Una sala de té tiene dos elementos que destacan, el espacio dedicado al tokonoma y el pequeño hueco central, practicado en el suelo, y donde entre brasas se calienta el agua que sirve para la ceremonia”.

La isla de Shikoku se divide en cuatro prefecturas, donde se sitúan los 88 templos budistas del camino, que siguen las enseñanzas de Kukai. “El periplo ascético que lleva del templo 1 al 23 representa el ideal de despertar; del 24 al 39 se supone que has alcanzado un estado de austeridad y disciplina; quien prosigue del 40 al 65 alcanza el estado de iluminación, y quien logra peregrinar del 66 al 88 accede al estado de nirvana, es decir, de iluminación total”.

En el viaje que emprendió el autor del libro, estuvo acompañado por su compañero peregrino  Masakatsu Toiya, con el que afrontaron a pie “un trayecto de 120 kilómetros desde el templo 74 al 88”. Los que hacemos la peregrinación de Shikoku marchamos ataviados  con una camisa blanca y sobre ella se lleva una estola, el sombrero tradicional y un buen bastón de madera, más corto que el bordón del jacobeo. Se lleva también el rosario, o al menos una pulsera de cuentas en la mano izquierda”.

Entre las numerosas imágenes que Tono mostró de su viaje, se pudo contemplar “la credencial antigua de paso del camino con sus sellos, casetas gratuitas de avituallamiento, templos, tablillas petitorias, o salones del té”.

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