Montserrat García Camacho, ha sido la ganadora del XXIX Certamen Poético Nacional “Paloma Navarro”, en la categoría de adultos convocado por el área   de Cultura del Ayuntamiento de Vilches (Jaén), desde la Biblioteca Pública Municipal, en colaboración con ASODECO.

En esta edición el concurso estuvo dedicado al poeta José Hierro, con el lema ”Llegué por el dolor a la alegría”, que sin ser obligatorio, las composiciones poéticas presentadas al certamen, podrían contener alusiones directas o indirectas a dicho tema genérico.

José Hierro, aunque nació en Madrid, estuvo muy vinculado siempre a Santander, ciudad donde transcurrió su niñez, adolescencia y gran parte de su juventud, al trasladarse su familia a la ciudad, cuando Hierro contaba dos años de edad.

El fallo del jurado se hizo público durante una gala de entrega de premios que tuvo lugar en el Teatro Municipal “Miguel Hernández”, de Vilches, el pasado día 24.

En la gala, que contó con la presencia del alcalde, Adrián Sánchez, se reconoció a Montserrat García Camacho, así como a  Yeisson Vargas, Francisco García y Juanfra Fernández, además de hacer entrega de los premios a los jóvenes participantes de la categoría infantil.

La poeta recibió un trofeo, premio en metálico y alojamiento esa noche para dos personas en dicha localidad andaluza.

Montserrat Camacho, de la localidad lebaniega de Frama (Cabezón de Liébana) cursó estudios de filosofía en la UNED. Pintora cubista, movimiento de vanguardia del pasado siglo, antes de hacerse poeta, encontró en esta técnica pictórica el lenguaje para formar la huella y el recuerdo que dejan las cosas. En el año 2020 comenzó a formar parte del grupo de poetas glosadores hispanistas, profundizando en la poesía clásica, así como en formas tradicionales como el soneto y la décima, que es su especialidad, y desde el año 2022 sus sonetos y décimas forman parte del grupo de poetas glosadores hispanistas, de la revista hispano americana «Norte». Actualmente, es miembro del patronato de la Casa de Cultura de la villa de Potes “Fundación Fredo Arias de la Canal”, donde continúa vinculando su labor creativa con la vida cultural de su tierra.

La poeta lebaniega con el poema “Bajo la piel vencida”, dialoga íntimamente en su trabajo con el poema del primer cuarteto del poema “alegría”. Así, el poema se convierte en glosa y semblanza del autor, Pepe Hierro, que pasaba grandes temporadas en Cantabria

García Camacho, explicó en su intervención que “mi poema titulado «Bajo la piel vencida» es una glosa compuesta en cuatro sonetos mediante la técnica del pie forzado.

Esta forma consiste en construir cada soneto teniendo dado de antemano su último verso; y, en este caso, los cuatro poemas concluyen con cada uno de los versos de ese cuarteto de José Hierro.

Desde ahí nace este recorrido: una travesía que parte de la herida, atraviesa la memoria y el dolor, y busca, finalmente, esa «forma secreta de la alegría.»

XXIX CERTAMEN POÉTICO PALOMA NAVARRO

«Llegué por el dolor a la alegría.

Supe por el dolor que el alma existe.

Por el dolor, allá en mi reino triste,

un misterioso sol amanecía»

                                (José Hierro)

Poema premiado de Montse García Camacho

DIÁLOGO CON EL PRIMER CUARTETO DEL POEMA  «ALEGRÍA»

DE JOSÉ HIERRO

GLOSA EN SONETOS: BAJO LA PIEL VENCIDA

Seré candil con luz de una mañana,

si hoy me roza una chispa de ese fuego

que encendiste: esa quema es mi sosiego,

pasto en la misma grey que nos hermana.

Me consumo entre la llama liviana,

y prendida en su mecha me repliego,

entregando mi fe al destino ciego

que dice a su antojo si mata o sana.

Vivir es una forma de tortura

donde hallé una solemne epifanía.

¿Como entender tan extraña aventura?

Si después de quebrarme en mi agonía,

al salir de la noche más oscura,

«llegué por el dolor a la alegría.»

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Viví creyendo ser tan solo herida,

materia frágil, tránsito y quebranto,

y anduve entre la sombra, con su manto,

sin sospechar la hondura de mi vida.

Sentí arder dentro una llama escondida,

y no era ardor que causara un espanto

sino una brasa fiel, que en leve canto,

guardaba luz bajo la piel vencida.

Sé que algo existe en mí que no es sustancia,

ni tiempo, ni herida: algo que resiste,

como un sueño que dormita en mi estancia.

Y me sostiene en cada instante triste;

más un soplo iluminó mi ignorancia:

«supe por el dolor que el alma existe.»

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Crecí entre el rumor de puertas cerradas,

donde la luz temblaba en los pasillos;

aprendí a descifrar leves aullidos

en voces que callaban sus jornadas.

Hubo tardes sin nombres, deshojadas,

y un reloj fatigado entre los grillos

marcaba las sombras en los ladrillos,

como si el tiempo hiriera las pisadas.

El recuerdo que ahora me traspasa

me provoca este llanto que persiste,

y quisiera entender por qué me pasa…

Por aquella infancia que ya no existe,

por el silencio que inundó mi casa,

«por el dolor, allá en mi reino triste.”

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Después del dolor llegó la confianza,

aprendí que la noche no es eterna,

que hay un latir secreto que gobierna

y abre la fe cerrada a la esperanza.

Comprobé que si la cumbre se alcanza,

va templando la terrible galerna

que conmueve mi arquitectura interna

y trueca el viejo pulso en firme alianza.

Comprendí que mi herida no me asombra,

que el tiempo no devora la Alegría,

que hay una luz intacta en cada sombra.

Y en el silencio claro que nacía,

ajeno al gesto que lo invoca o nombra,

«un misterioso sol amanecía.»

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