La Virgen Dolorosa, que portaba un manto negro, permanece en la iglesia de San Pedro de Bedoya, bajo la luz de las velas, y en la noche del Viernes Santo, cuatro vecinos la colocaron sobre las andas procesionales, para dar comienzo el Rosario de la Buena Muerte, tradición que se mantuvo en muchos pueblos de la comarca durante la Semana Santa, y que aún cantan los vecinos del valle de Bedoya.
En una noche con agradable temperatura, bajo la luz de las velas, en un silencio solo interrumpido por el canto de los Misterios del Rosario de la Buena Muerte, dirigidos por Sabina Cuevas, los vecinos recorrieron de noche las calles de la localidad de San Pedro de Bedoya, para regresar de nuevo al interior de la iglesia parroquial, donde concluyó el Rosario, cantando posteriormente las Letanías, y entonando al finalizar éstas: “Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal. Líbranos Señor de todo mal”, finalizando así una tradición de Semana Santa que aún se mantiene viva entre los vecinos del valle de Bedoya, transmitida a través de generaciones de padres a hijos.










Fotografías: Pedro Álvarez
